viernes, 23 de noviembre de 2007

Rol de los Jóvenes en las Asociaciones

A manera de introducción

La lectura de Philiphe Schimitter y de Wolfgang Streeck titulado democracia y neocorporativismo nos propone el rol que juegan las asociaciones en torno al orden social, entendido éste como la búsqueda del equilibrio y la armonía de la sociedad. Nos ilustra algunos modelos que se vienen desarrollando para el logro de ello. La primera es el orden social que es determinado por el mercado, sus características principales son la competición dispersa, la prosperidad económica y la responsabilidad cívica de parte de los empresarios, es decir, lo que se busca es que las sociedades logren maximizar sus beneficios y minimizar sus riesgos. Esta dinámica se puede plasmar a través de individuos independientemente competitivos. El segundo es por el modelo que nos brinda la comunidad, la cual propone pertenencia o una identidad colectiva distinguida, además de la existencia afectiva compartida y se busca satisfacción en su identidad. La dinámica que se da en este modelo es que los individuos tengan una interdependencia regidas por normas colectivas. El tercero es el estado, la cual propone como característica fundamental el control jerarquizado. El equilibrio social se basa en ejecutar políticas públicas, haya seguridad externa, un tratamiento equitativo en la movilización de los recursos y su forma de proceder se da a través de la coacción legítima. La dinámica que siguen los individuos es que son dependientes de las estructuras jerárquicas. Y la cuarta nos plantea las asociaciones, caracterizado fundamentalmente en la concertación y negociación organizacional, ello a través del paradigma del neocorparativismo; ello para satisfacer los intereses intra e interorganizacional, esto sólo puede lograrse si es que se logra una simetría para poder concertar con el mercado, la comunidad y el estado. La dinámica que se da en los individuos es que son estratégicamente interdependientes.

Los modelos del mercado, el estado y la comunidad tienen una mirada unilateral, es decir, proponen imponer un orden social cayendo casi al dogmatismo. Sin embargo, el modelo denominado como el asociacionismo, denominado por el autor como el Neocorporativismo, en contraposición de la asociación voluntaria que emerge en los años 60’ y 70’ del siglo pasado en sociedades industriales avanzadas como Suecia, Noruega, Austria, Suiza, entre otros, plantea como principio fundamental buscar el equilibrio social por medio de la concertación, pero ésta tiene que darse de forma organizada. Es importante señalar que en el proceso histórico las asociaciones han sido vistas como “sospechosas”, recordemos que en el siglo XIX el capitalismo avanzaba y en el siglo XX se daba el Estado intervencionista y han sido considerados como enemigos debido a que han sido sinónimos de exacerbar el desorden social.

Por ello se plantea de forma interesante que estas organizaciones puedan lograr la armonía no sólo con otros (estado, comunidad y mercado), sino además también logren concertar de forma endógena, es decir, dentro de las propias organizaciones. Estas capacidades que tienen que desarrollar las organizaciones sólo se da si es que consiguen un rango igualitario, un estatus para poder concertar, de esa forma podrían estar en el mismo nivel que los otros actores en la sociedad y pueden satisfacer sus intereses.

El Neocorporativismo plantea la capacidad de poder autogobernarse, por ello se introduce como El Gobierno del Interés Privado, ya que los propósitos que éstas persiguen son generales. El rol que cumplen es distintivo frente al estado, la comunidad y el mercado. El planteamiento central es que estas asociaciones levanten intereses privados, generados del propio colectivo (los grupos sociales) a intereses públicos y que se puedan convertir en política públicas.

En este papel juegan un rol fundamental las organizaciones como agentes transformadores, que sus acciones asociativas autointeresadamente colectivas puedan convertirse en políticas públicas. Para ello se hace necesario que las asociaciones se profesionalicen y puedan conectar la diversidad de los intereses, sobre todo en sociedades complejas como las modernas.

Sin embargo es importante recalcar que la propuesta de “Organizar las Asociaciones” para plantear intereses privados y tener el reto de éstas puedan ser a la vez interés público, no se intenta reemplazar a los otros modelos, sino más bien es que ellas puedan participar de un modo mixto para plantear políticas públicas. Para ellos se requiere de un estado fuerte y democrático que apertura y canales de poder concertar, a la vez de un mercado consolidado que pueda generar individuos competentes en la productividad y haya una mejor distribución de la acumulación, además que la comunidad pueda seguirse rigiendo de normas que permitan identificarse con algo propio y hayan asociaciones democráticas que puedan lograr concertar y negociar con todas ellas para el logro del tan buscado orden social.

Un Reto a seguir

Esta propuesta como ya se dijo vienen consolidándose en algunos países industrializados avanzados. Cuentan con estados sólidos y democráticos, el mercado es estable, las comunidades tienen una fuerte identidad y las asociaciones han alcanzado una simetría la cual le permite concertar de forma simétrica. Sin embargo en países latinoamericanos la realidad es distinta. Los estados democráticos están en constante pugna con posiciones autoritarias y retrógradas, el mercado aún no logra redistribuir en todos los segmentos sociales, las comunidades no logran una identidad colectiva y por ende las asociaciones son débiles y las concertaciones y negociaciones se dan de forma asimétrica.

Esta mirada poco positiva no es mezquindad, sino una forma de plasmar los hechos que vienen dándose en los países como los nuestros. En ese sentido estas limitaciones para el logro de esta propuesta, debiera verse como un reto a lograr. La existencia de diversas organizaciones sociales existentes en el país deben tener esta mirada más ambiciosa para poder ser parte en la contribución del orden social.

Las organizaciones y/o asociaciones existentes en el país no deben quedarse sólo en las representaciones, sino debe intentar darle mayor funcionalidad, se debe generar vínculos entre los intereses privados con los intereses públicos. Sus objetivos deben centrarse en el logro de pactos y con ello poder lograr las simetrías, debe buscarse llegar a la proporcionalidad. Muchas veces se temen a las confrontaciones, pero son las discrepancias, los disensos los que pueden darnos un abanico de posibilidades para llegar a consensos. Es en la pluralidad donde se puede levantar propuestas para el interés público y de hecho que éstos llegarán a los intereses privados. En toda democracia siempre estará presente los conflictos, ese es uno de los retos: “el lograr ponerse de acuerdo”.

Para todo ello es imprescindible la participación de los individuos, se debe dar mayor presencia de la sociedad civil, Michael Walzer lo plantea como un espacio fragmentado, conflictivo pero solidario y auténtico, ubicado en la complejidad de la política y el estado. Las redes son expresiones de intereses privados que muchas veces no son tomados en cuenta debido a la ausencia de éstas. Por eso mientras más autogobiernos haya, es decir, mientras sigan apareciendo asociaciones profesionalizadas mejor es para aportar en el equilibrio y la armonía de la sociedad.

Es importante mencionar que el mercado también debe organizarse no sólo para la economía, sino también para la sociedad. A ello se refiere Philiphe Schimitter cuando menciona la responsabilidad cívica de los empresarios y nos propone alguna forma de interés general, es decir, evitar el capitalismo salvaje.

Los retos a seguir volviendo a Michael Walzer serían: primero, lograr descentralizar el estado, ello para romper con los centralismo que limitan el poder a los lugares más alejados del país. A propósito es necesario recordar que el intento fallido de descentralización en el Perú se debió a la ineficiencia e ineficacia del gobierno actual de poder argumentar esta propuesta. Segundo, se hace pertinente socializar la economía, de esta forma romper con el dogmatismo neoliberal que al economía sólo se queda en la acumulación de riqueza material y tercero, pluralizar y domesticar el nacionalismo de tal forma que se eviten que se agudicen las diferencias étnicas y se respete a la minorías.

Los actores y las asociaciones

La asociaciones en el Perú están desarrollando un rol fundamental para la consolidación de nuestra democracia incipiente. Entre las más connotadas podríamos mencionar a la CONFIEP, CADE, CGTP, OSINERG, OPSITEL, entre otras, casi todas ellas relacionadas a la economía y a los servicios básicos o en defensa del consumidor. Las otras de corte política como los movimientos regionales y nacionales, las religiosas y las sociales aún no logran dar un salto cualitativo.

Sin embargo las organizaciones sociales, son de larga data en nuestro país, la emergencia de procesos sociales se han venido gestando desde varias décadas, centradas primordialmente para reivindicar servicios básicos (vivienda y acceso a la educación). Las denominadas organizaciones sociales de base (vecinales, comedores populares, vasos de leche, organizaciones juveniles, entre otras) emergen en los años 80’ para palear necesidades urgentes que el estado no podía satisfacer. En los 90’ estas organizaciones se “congelan” (me refiero a que las organizaciones sociales apenas sobreviven, otras desaparecen y las que continúan mantiene un enfoque asistencial y están condenados a la perennización de la sobrevivencia) y se centran en reivindicaciones más de ocio y de tiempo libre (artísticas, deportivas, folklóricas y educativas). Es A fines de la década pasada y a inicios del presente quinquenio es donde se denota un mayor interés para generar procesos participativos que despierten su interés por los asuntos públicos como producto de los procesos sociales sucintamente explicados. Surgen nuevos actores sociales que provienen de experiencias organizativas, ciudadanos preparados para la vida cívica. Esto se ha dado luego de un proceso dinámico que se inició con el ejercicio de su ciudadanía civil para proteger sus propios intereses y que ante la exigencia de sus procesos están inmersos en la búsqueda de los intereses generales.

Esta breve explicación denota que las organizaciones y/ o asociaciones sociales surgen de la necesidad, más no de los intereses y ello es un elemento que debe tomarse en cuenta. Sin embargo la aparición de estos actores que forman parte de las organizaciones han logrado desarrollar capacidades y habilidades importantes no sólo para fortalecer los procesos organizativos y por ende su aporte con su entorno, sino han logrado también un desarrollo individual, la cual permite tener individuos mejor informados, conscientes y sensibles con su realidad y vienen reinvidicando no sólo interes privados sino también intereses públicos.

Estos actores sociales fundamentalmente son los llamados “brokers” o intermediarios ante el estado, el mercado y la comunidad. Son los dirigentes quienes han tomado la batuta para representar los intereses particulares colectivos y han venido desarrollando acciones en su entorno social. Sin embargo sus limitaciones sociales, culturales y fundamentalmente económicas han creado brechas entre estas organizaciones.

Las brechas económicas han generado niveles de asociaciones. Ello repercute para que los actores miembros de estas organizaciones puedan tener un desarrollo endógeno. Son las asociaciones de las capas medias y altas quienes han logrado tener un nivel de profesionalización en sus organizaciones. Es más, los intereses que respaldan son básicamente de corte económicos, empresariales y en alguna medidas políticas (CONFIEP, CADE por ejemplo) y en el lado social, se puede decir que corresponden a las capas bajas (sectores urbano populares), las que sus organizaciones se caracterizan por la informalidad y por la baja especialización. Esto tienen asidero que puedan ser manipulables, clientilizadas y no puedan desarrollarse.

Aquí es fundamental una pregunta ¿las organizaciones de los sectores empobrecidos tienen posibilidades de concertar simétricamente? Tal vez la respuesta se encuentre en los mismos procesos y en las dinámicas de estas organizaciones. Según el paradigma que se vean a estas organizaciones, ya sea de forma asistencial o como actores estratégicos de desarrollo se podría romper las grandes brechas sociales.

Sin embargo, considero que esta brecha no debe ser un impedimento para que puedan lograrse organizaciones profesionalizadas. A pesar que las experiencias y estudios como los de Martín Tanaka y Romeo Grompone demuestren todo lo contrario y vean con pesimismo a las organizaciones sociales. Más bien creo que son un potencial necesario, porque en sociedades complejas como las nuestras, los saltos de status sociales son impredecibles, la cual hacen que estos actores no sólo se relaciones con diferentes individuos de otros segmentos sociales, sino además se conviertan en uno de ello. Otro estudios del Instituto de Estudios Peruanos también da fe de ello en “Los otros empresarios”.

Generalmente son los dirigentes adultos y varones los que son considerados los actores que propugnan el cambio de esta sociedad. En los años 80’ fueron las mujeres quienes irrumpieron, no sólo con labores sociales o de beneficencia como estaba caracterizado, sino como actores protagonistas de la acción, me refiero a los comedores populares y los comités de vaso de leche. Vuelvo a repetir, la irrupción de estos actores fueron más por necesidad que por intereses. En los noventas los niños y adolescentes lograron colocar en la agenda pública sus realidades, especialmente los niños trabajadores y en la lucha contra el maltrato infantil, y es a fines de los años 90’ y a inicios del presente milenio es que aparece un actor social que había sido aletargado por diversas causas políticas, sociales y económicas, me refiero a los jóvenes.

Los jóvenes un nuevo actor

Hablar de jóvenes como nuevos actores de desarrollo implica romper con el esquema universalizador, la cual nos indica que todos somos ciudadanos. Estas lecturas provienen en las ciencias sociales, sobre todo de las macrosociologias, las cuales las lecturas que se tienen de la realidad son holísticas.

Se hablan de una sociedad global, volviendo al mercado, se analizan la fuerza de trabajo y a los empresarios; se hacen estudios sobre el estado, los partidos políticos, fuerzas sociales y, de sociedades rurales, es decir, el campesinado. Todo los contrario ocurre con una corriente que se genera a partir de los años 90’, la microsociología, la cual se centra en sectores específicos, es decir en la micro sociedad. Aquí los estudios se centran en mujeres, niños y adolescentes, jóvenes, disfuncionales (homosexuales), ancianos, entre otros. Esta perspectiva permite adentrarnos a este nuevo actor.

Documento elaborado para informe en UNMSM. Diciembre del 2006